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La IA repetía los errores de su web. Nadie se había dado cuenta

Publicado el 29 de septiembre de 2026

Por Antonio Martínez Rosado

La IA repetía los errores de su web. Nadie se había dado cuenta

Antes de rehacer la web de Pink Eddy preguntamos a un buscador con inteligencia artificial qué era. Contestó con soltura: un juego de cartas para estimular el lenguaje, diez categorías, «emociones, animales, acciones, objetos cotidianos…», y que muchos logopedas lo usan. Sonaba bien. El problema es que la mitad no era verdad, y lo había sacado de la propia web de la marca.

¿Sabes qué está repitiendo la IA de tu web ahora mismo? Casi nadie lo sabe. Este caso va de eso.

Un buen producto con una web que lo contaba mal

Pink Eddy es un juego de 125 cartas ilustradas para estimular el lenguaje de niños desde los 2 años, creado con logopedas y con una app web opcional. Lo hace Miriam, mi prima, y en Híper Ocio le guardamos y enviamos el stock. El producto funciona. Vende menos de lo que merece.

Su web estaba bien hecha en lo técnico: páginas estáticas, rápida en ordenador y con las puertas abiertas a GPTBot, PerplexityBot, ClaudeBot y Googlebot. Lighthouse le daba un 100 en SEO. Y aun así, cuando una máquina la leía, se llevaba una idea equivocada del producto.

Web anterior de Pink Eddy: una carta de «médico» en grande y un botón que manda a la app

Lo que la máquina leía

Revisamos las 28 direcciones del sitemap una a una. Lo que encontramos no se ve mirando la web, solo leyéndola como la lee un rastreador:

  • Categorías que no existen. La FAQ decía que las diez familias eran emociones, animales, acciones… En la caja no hay ninguna familia de emociones y los animales van dentro de Naturaleza. Faltaban Comida, Personas y Ropa. Esa es la lista que el buscador con IA estaba recitando.
  • Un precio que no era el suyo. Los datos estructurados decían 29,90 €. En la tienda cuesta 24,90 €. Google compara los dos.
  • El precio, en ninguna parte del texto. Solo aparecía dentro del recuadro del botón de compra de Shopify, que tarda seis segundos en cargar en el móvil. «125 cartas» estaba pintado dentro de una foto. Para un modelo de lenguaje, la página no decía cuánto costaba ni cuántas cartas traía.
  • Siete nombres para una marca. Pink Eddy, PinkEddy, Eddy, Eddy Cards, soyeddy y hasta «Mi tienda», que es como figuraba el proveedor en Shopify. Para una persona es lo mismo. Para una máquina que intenta decidir si todo eso es la misma entidad, son siete pistas que no casan.
  • Dos direcciones. Todo lo que la web declaraba apuntaba a eddy.es, que redirigía de forma temporal a www.eddy.es. Ni Google sabía cuál era la buena.
  • Traducciones a medias. La versión alemana tenía el título en japonés, y en las cinco traducciones los testimonios seguían en español.

Y fuera de la web, casi nada: la única mención externa que devolvía el buscador era un reel de Instagram. Con tan poco rastro de terceros, lo que diga la propia web es lo que manda, para bien o para mal.

Qué cambiamos

La web nueva se hizo en español y en HTML propio, sin librerías de fuera, para que cualquier rastreador reciba el contenido entero a la primera. El trabajo de GEO fue sobre todo de exactitud.

La respuesta en la primera frase. Cada página abre con una frase que un asistente puede citar tal cual: «Pink Eddy es un juego de 125 cartas ilustradas para estimular el lenguaje de niños desde los 2 años, creado con logopedas. Se juega solo con las cartas o con una app web opcional, y cuesta 24,90 €».

Una ficha de datos en texto. Contenido de la caja, material, medidas, peso, edad, fabricante, código de barras y precio, escritos, no dibujados. Es lo primero que le falta a casi cualquier tienda pequeña y lo más fácil de arreglar.

Las 125 palabras, una por una. Los dibujos de las cartas estaban en la app. Los llevamos a la web con su palabra y su familia, así que ahora se puede leer qué trae el juego carta a carta. Y la lista de familias es la de la caja, repetida igual en la portada, en la FAQ, en los datos estructurados y en el llms.txt.

Un solo nombre. Pink Eddy en todas partes. Eddy queda solo en los nombres de dos juegos, que son suyos.

Nada que no se pueda sostener. Salieron frases como «metodología pedagógica probada» o «muchos profesionales lo utilizan», que no tenían nada detrás. Una IA que encuentra afirmaciones sin respaldo termina fiándose menos de toda la página. También salieron de los sitios destacados cosas que todo el sector tiene: los ensayos de seguridad del juguete se cuentan en la ficha técnica, pero no van en el escaparate, porque todo juguete que se vende en Europa los pasa.

Datos estructurados completos y ciertos. Producto con su precio real, código de barras, medidas y política de devolución; los 14 juegos del método; las preguntas frecuentes con el mismo texto que se lee en la página. Y sin valoraciones ni datos de envío, porque no los teníamos y no se inventan.

Web nueva de Pink Eddy: la caja con sus cartas en abanico, el precio y dos botones

De paso, la web se volvió mucho más ligera. En el móvil, Lighthouse pasó de 75 a 100 en rendimiento, lo principal de la pantalla aparece en 1,3 segundos en vez de 6,1, y la portada pesa 147 KiB en lugar de 850. Eso es para las personas que compran más que para las máquinas, pero ayuda a que nadie se vaya antes de ver el precio.

Lo que este caso no demuestra

Conviene decirlo claro: esto es una propuesta publicada para que la marca la revise, no una web en producción con meses de datos. No podemos decir que ahora la IA recomiende Pink Eddy, porque todavía no se ha medido. Tampoco pudimos sacar volúmenes de búsqueda: el mapa de palabras clave se hizo con lo que Google sugiere al escribir y con lo que enseña en los resultados.

Lo que sí sabemos es qué leerá la máquina a partir de ahora: el nombre correcto, el precio correcto, la lista correcta y 125 palabras que antes no existían para ella. El siguiente paso es repetir esos mismos datos en Shopify, en la app y en las biografías de las redes, y preguntar cada mes a ChatGPT, Gemini y Perplexity qué es Pink Eddy, como contamos en cómo saber si la IA te cita.

Lo que nos llevamos

La lección de Pink Eddy sirve para casi cualquier tienda pequeña. No hace falta que nadie hable mal de ti para que la IA cuente algo falso de tu producto. Basta con que tu propia web tenga una FAQ escrita deprisa hace dos años, un precio que se quedó sin actualizar o el dato importante metido en una foto.

Antes de pensar en cómo aparecer más, merece la pena mirar qué dice tu web cuando la lee una máquina. Eso es lo primero que revisamos cuando analizamos una web.

Preguntas frecuentes

¿La IA puede repetir información equivocada de mi propia web?

Sí, y es lo más habitual. Los buscadores con IA leen tu web y resumen lo que pone. Si tu página de preguntas frecuentes tiene un dato viejo o mal copiado, el modelo lo repite con toda la seguridad del mundo, porque la fuente eres tú. La forma de corregirlo es arreglar el dato en origen y repetirlo igual en todos los sitios donde hablas de tu producto.

¿Qué datos de mi producto tienen que estar escritos en la web y no solo en fotos?

Todos los que alguien preguntaría antes de comprar: qué es, qué trae, cuánto cuesta, para qué edad o para quién es, medidas, material y quién lo fabrica. Un modelo de lenguaje no lee el texto metido en una imagen ni lo que carga un botón de pago incrustado. Si el precio solo aparece dentro del recuadro de la tienda, para la IA tu producto no tiene precio.

¿Mejorar la velocidad de la web ayuda a que la IA me cite?

De forma directa, poco. Lo que sí hace una web ligera y en HTML limpio es que cualquier rastreador, sea de Google o de un asistente, reciba el contenido entero sin esperar a scripts. Para el GEO pesa más que el texto esté ahí, sea exacto y diga lo mismo que el resto de tus perfiles. La velocidad es, sobre todo, cosa de las personas que compran.

Antonio Martínez Rosado — fundador de geovisibilidad, periodista por la Universidad de Navarra y especialista en SEO con más de 20 años en ecommerce. Sobre el autor →

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